miércoles, 23 de mayo de 2012

CONGREGACIÓN DE YAUYINOS EN LIMA, RINDIERON HOMENAJE AL “SEÑOR DE LA ASCENSIÓN DE CACHUY”

Escribe: Manuel Madueño Ramos

El domingo 20 de mayo del presente año 2012, los yauyinos residentes en Lima y distritos, feligreses de Cañete, afincados en la Capital se unieron al unísono para rendir el merecido homenaje a la Milagrosa Imagen del “Señor de la Ascensión de Cachuy”, que hace más 340 apareció en las agrestes cumbres del pueblo de Cachuy, distrito de Tupe, provincia de Yauyos, departamento de Lima. El día jueves 17 de mayo fue la celebración central en el mismo lugar donde apareció en 1678. Los creyentes caminan horas tras horas hasta llegar cerca de 3,000 msnm, donde se congregan miles de fieles para pedir milagros, pero la mayoría llegan para dar las gracias al Señor por el milagro concedido.

En esta tres veces coronada Villa de Lima, en los Barrios Altos,en la Parroquia “Apóstol Santiago”, fue oficiada la Eucaristía por el párroco de la Iglesia, especialmente contratado para ello, ofrecida por las hermanas: Stefanny y Triana Huamán Perlado; el acto se inició a las doce del día. El templo estuvo abarrotado de personas de Yauyos y Cañete, de distintas clases sociales, personas discapacitadas en sillas de ruedas que llegaron al lugar, orando fervientemente pidiendo de rodillas que cure de sus males. En este lugar todos son iguales, no hay distinción de géneros o de medios económicos.

En realidad el homenaje al Señor de la Ascensión el sábado 19 de mayo a las dos de la tarde. Después de algunas plegarias trasladaron la efigie en su Anda al templo “Apóstol Santiago”, adornándolos con flores, milagros e iluminándolas con otras decoraciones. A las siete de la noche se ofició una misa de víspera, acompañado por un brillante coro de voces ofrecido por las niñas de padres yauyinos: María José Enriquez Collantes y Geraldine Carrasco Collantes. Luego hubo quema de cohetes, repiques de campanas y entonación de cánticos religiosos. Terminó con una ovípara cena de papa con queso yauyino, carnero al palo y una chamiscolada para los visitantes.

En día domingo 20, después de la misa, la milagrosa imagen, en solemne procesión recorrió la Plazuela del cercado, Conchucos, siguió por el Jr. Rivera y Dávalos, Jr. La República hasta regresar a su local de la Av. Grau N2 2216, donde fue recepcionado multitudinariamente por miles de sus creyentes del Perú y del extranjero, mientras la Banda de Músicos: “Santo Domingo de Yauyos” y “Show Juventud Sonora de Ayavirí” entonaban músicas religiosas, sacras culminando con música de nuestra tierra: huaynos y mulizas donde nuestros coterráneos se jaranearon de lo lindo, bebiendo la espumosa cerveza.

Después degustaron la comida preparada por los mayordomos que atentamente atendieron al exigente público religioso de Yauyos, que año tras años sigue su marcha detrás de nuestro Señor de la “Ascensión de Cachuy”. Muchos se quedaron bailando y bebiendo en el local de la Congregación, manifestando que permanecerán hasta la últimas consecuencias. Y esto es de todos los años porque es la fiesta de nuestro Señor, fiesta que viene de siglos.

APARICIÓN DEL SEÑOR DE ASCENSIÓN DE CACHUY

Según cuenta la historia por los años de 1678, Martín Barrios, un pobre pastor de ganados, había construido su domicilio en “Chuco Pampa” a cinco km de Cachuy. Su animales pacían en las faldas de esta agreste montaña, cuando se dio cuenta que sus animales se había extraviado, alarmado fue en búsqueda. Anduvo todo el día y no los halló, volvió al otro día rebuscando entre montes y malezas que crecían, en el interior de los montes parecía observar a un niño con su túnica blanca y al ingresar se dio cuenta que era la imagen del Señor.

Se olvidó de sus animales y la imagen lo llevó a su casa, en compañía de su señora, prendió unas velas y se rezaron hasta muy tarde. Pensaron que era “San Lucas” Patrón de los ganaderos. Al amanecer grande fue su sorpresa la imagen había desaparecido. En la noche se le presentó en sus sueños y le dijo que lo hallaría en el mismo lugar donde lo encontró. Martín volvió al lugar y encontró y por sus alrededores encontró a sus animales extraviados. De nuevo lo transportó a su casa e hicieron una capillita para seguir adorándola.

Al amanecer del otro día la imagen otra vez desapareció. Martín ya sabía dónde encontrarla, se encaminó al lugar determinado y lo volvió encontrar; pensó que su casa no era lugar un apropiado y lo trasladó al pueblo de Putinza, próximo a la fiesta del Patrón San Lorenzo, el sacerdote lo reconoció que era el Señor de la Ascensión y lo colocó en el altar mayor del templo. Cuando fueron a verlos al día siguiente no lo encontraron, echaron la culpa a Martín pensando que lo había robado, mandándolo apresar y llevado ante el Juez de Paz.

El pastor contó al sacerdote sus anteriores desapariciones, pero él ni el pueblo los creyó, incrédulos le amonestaron acremente y dijeron que en la noche al templo sigilosamente y lo llevó. Entonces Martín les dijo que iría al lugar donde siempre lo halló. El cura le dio un plazo, si al cuarto día no llegaba con la imagen, sería enviado a la cárcel. Y para sorpresa de todos, el día fijado el pastor bajaba por la cumbre del cerro llevando entre sus brazos la imagen del Señor. Muchos hombres y mujeres fueron alcanzarlos a la mitad del camino.

El sacerdote, desconfiado no creía en las escapadas del Señor, pensó que el pastor mentía. Algunas horas después dejaba de existir víctima de un cólico. Sin duda el Señor lo castigó por no dar créditos en las palabras del vaquero. En la noche le reveló otra vez el Señor, diciéndoles que construya su casa en el lugar donde siempre lo encontró. Cuando fue a verificar el lugar pedregoso; los montes y espinas habían desaparecido y convertido en una pequeña planicie donde Martín y otros pastores hicieron una pequeña capilla. Con el transcurso del tiempo edificaron un templo, hermosa casa de Dios, que en el mes de mayo llegan miles de fieles recorriendo 16 kilómetros en 10 horas interminables.

Y soy testigo de las personas que recibieron su portentoso milagro, éstos dejan sus quehaceres, caminan día y noche para llegar ante el Señor y agradecerlos.